VALLADOLID - EDUCACIÓN
Domingo, 14 de Junio de 2026

El calor andaluz pone a prueba a colegios e institutos de Castilla y León

Lucía Sánchez - Las altas temperaturas obligan a los centros a buscar soluciones mientras crecen las demandas de adaptación climática de las aulas

A la comarca abulense del valle del Tiétar la llaman la Andalucía de Castilla y León. Sus inviernos suaves y sus veranos abrasadores le han valido el apodo. Sin embargo, mientras las temperaturas se disparan cada año, colegios e institutos siguen sin estar preparados para afrontar episodios de calor extremo en las aulas.

Mar Gutiérrez, profesora en los institutos de Arenas de San Pedro y Candeleda, afirma que las aulas han llegado a alcanzar en mayo los 35 grados, lo que hace imposible impartir clases. “Cada vez llega antes el calor y además con una intensidad como si estuviéramos en julio”, lamenta.

Ante este panorama, los alumnos distraídos y sin un ápice de concentración se abanican con las tapas de los cuadernos y sus botellas de agua se vacían varias veces a lo largo de la mañana. Mientras, los profesores intentan sofocar la temprana canícula con las persianas bajadas en el intento de contener un calor que entra por ventanas y muros de edificios pensados para otro clima. 

“Los chicos no rinden igual y nosotros tiramos como podemos. En alguna aula de 0-3 años de Candeleda hay aire acondicionado y se están tomando medidas. Se ha pedido presupuestos para toldos y se han comprado ventiladores con la ayuda de la Asociación de Padres y Madres para aliviar el calor”, destaca para narrar, además, que cuando la situación lo permite, los profesores buscan aulas que no estén orientadas al sur o que estén en las plantas bajas para dar clases.

"Con ese calor no se puede trabajar; es imposible. Es que en las aulas de arriba se han registrado un mínimo de 31 y un máximo de 35 grados y con esas temperatura no se puede ni respirar. Ves a los alumnos tirados en las mesas y no pueden con ello. Es imposible darles el temario porque protestan. A los más pequeños les refrescamos con espráis", describe para reseñar que finalmente se reduce la tarea.

Mar Gutiérrez relata que el profesorado se plantea reivindicar como medidas futuras que las clases se inicien antes, pero advierte de que esta propuesta tampoco es del todo viable porque el horario del transporte escolar es compartido para los alumnos de Secundaria y Primaria, y a estos últimos no se les puede pedir que madruguen más. 

“La situación ha reabierto el debate sobre la adaptación de los centros educativos a una realidad climática diferente a la que existía cuando fueron construidos. Una posibilidad es cambiar el calendario escolar, una cuestión que hemos planteado a la Consejería. Estas propuestas intentan adaptar los horarios y las condiciones a las necesidades de nuestros alumnos, que no para los docentes”, advierte.

De Ávila a Valladolid

La situación no se limita a las zonas más cálidas de la Comunidad. En un instituto público de Valladolid, una profesora, que prefiere guardar el anonimato, relata que ya a segunda hora de la mañana algunos alumnos utilizan las tapas de los cuadernos para abanicarse. El problema se agrava especialmente en las plantas superiores de los edificios. "Las últimas horas son bastante complicadas de gestionar", reconoce.

Además, apunta a que en su centro, la elevada ocupación de las aulas impide trasladar grupos a espacios más frescos. "Nos querríamos bajar todos a la planta baja, pero está todo ocupado", agrega.

Las dos docentes coinciden en señalar que los centros educativos están mejor preparados para combatir el frío de Castilla y León que para afrontar episodios prolongados de calor. Durante décadas, la principal preocupación fue garantizar temperaturas confortables en invierno. Sin embargo, la realidad climática parece haber cambiado.

La portavoz del Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza de Castilla y León (Stecyl), Cristina Fulconis, remarca, al respecto, que los edificios escolares responden a una concepción diseñada para otro contexto climático. "El verano se está alargando y el calendario escolar no cambia. Ahora el verano llega en mayo y se puede alargar hasta finales de octubre o principios de noviembre", sostiene.

También remarca que los datos meteorológicos muestran una extensión progresiva de los periodos cálidos, mientras los centros continúan funcionando con infraestructuras concebidas para captar calor durante los meses fríos. “Se han construido con orientación sur”, puntualiza.

A esta situación se suma una limitación añadida. A diferencia de las viviendas, los centros educativos no pueden refrescarse fácilmente durante las horas más frescas del día ni por las noches. Cuando el alumnado llega por la mañana, las temperaturas ya han comenzado a ascender y las aulas acumulan calor con rapidez, especialmente cuando albergan grupos numerosos.

Para afrontar estas situaciones, muchos centros recurren a medidas de carácter provisional. Cambios de aula cuando existen espacios disponibles, instalación de ventiladores, utilización de toldos, reducción de actividades físicas al aire libre o búsqueda de zonas de sombra forman parte de las soluciones más habituales. En algunos casos, los ayuntamientos o las asociaciones de madres y padres han colaborado en la adquisición de equipos de climatización para determinadas dependencias, según relata la portavoz del sindicato.

La Consejería de Educación remitió recientemente a los centros una guía de actuación ante altas temperaturas que incluye recomendaciones como reforzar la hidratación, utilizar ropa ligera, limitar la exposición al sol, aprovechar las zonas de sombra y adaptar determinadas actividades cuando existan avisos meteorológicos por calor. También plantea la posibilidad de utilizar las aulas más frescas disponibles cuando la organización del centro lo permita.

Sin embargo, Cristina Fulconis, considera que estas medidas resultan “insuficientes” si no van acompañadas de actuaciones estructurales. El sindicato reclama planes de rehabilitación energética, mejora de aislamientos, incremento de zonas verdes y de sombra, patios bioclimáticos y sistemas de climatización sostenibles que permitan adaptar los edificios educativos a las nuevas condiciones climáticas.

El debate no se limita a las instalaciones, ya que también alcanza a la organización del propio curso escolar. La portavoz recuerda que el sindicato lleva años defendiendo un calendario más equilibrado, con periodos lectivos y descansos distribuidos de forma diferente a lo largo del año.

“La propuesta parte de una idea sencilla: si los veranos son cada vez más largos y las temperaturas extremas aparecen antes, quizá no solo haya que adaptar los edificios, sino también reflexionar sobre cómo se organiza el tiempo escolar”, indica.

Mientras ese debate continúa, miles de alumnos y profesores afrontan las últimas semanas de curso buscando sombra, agua y ventilación. Aún quedan días de clase por delante y, según las previsiones meteorológicas, el calor volverá a ser protagonista en unas aulas que cada vez se parecen menos a las de la Castilla y León de hace unas décadas y más a las de Andalucía.